lunes, 29 de noviembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
El hombre de al lado
Un brazo. Una masa. Golpes. Pum! Pum! Pum! Rajaduras y finalmente, un hueco. La medianera, que separaba dos mundos demasiado distantes, ya no es lo que era.
“Unos rayitos de sol” es lo que necesita Víctor y para obtenerlos, nada mejor que meter una ventana en la pared que mira a la casa de su vecino Leonardo.
Víctor (Daniel Aráoz) es un vendedor de autos. Grasa hasta la manija, manipulador, grosero, psicópata. Leonardo (Rafael Spregelburd) es, en cambio, un refinado diseñador de muebles. Vive en la casa Curutchet (si la habremos dibujado, laaa), única obra construída, de Le Corbusier, en Latinoamérica. Todo su mundo de diseño, se viene abajo cuando aparece esta ventana, ese ojo hacia su vida, esa mancha en su blanquita y fría modernidad. Su vida se derrumba. Comienza a atrasarse en sus trabajos. Se da cuenta que no tolera a su mujer, quien no deja de pedirle “piquito” como anorgásmica expresión de cariño, su hija pre-adolescente no le da bola. Todo es un desastre.
Tanto Aráoz como Spregelburd son muy creíbles en sus composiciones. Hay varias escenas muy buenas, muy características de sus personajes: Leonardo escuchando música con su amigo (Juan Cruz Bordeau), llegando a niveles insoportables de snobismo (e ignorancia). Él mismo, aconsejándole a Lola, su hija, que se ponga el “cintu” (cinturón de seguridad). Víctor elogiando el sexo oral de su novia como “el mejor pete de zona norte”…
La Casa es la otra gran protagonista. Tan linda, tan moderna. Se respira la ciudad de La Plata. Los números en los carteles que indican las calles, el bosque, el clima de barrio-gran ciudad.
Una peli muy interesante con un final que te deja con la pera en el suelo, luego de mostrarte que no siempre el más loco, es el que lo parece…
Puntuación: 4 Chettis.
jueves, 14 de octubre de 2010
Inception
Ya de arranque nomás nos metemos de lleno en una escena de acción, donde Dom Cobb (Leo Dicaprio) y Arthur Elapellidotelodebo (Joseph Gordon-Levitt) son perseguidos por un ejército de coreanos sedientos de sangre, liderados por Saito, un japonés trajeado y con cara de malo. Pero en seguida nos damos cuenta que en realidad todos están soñando, durmiendo próximos unos a otros y conectados a un aparatejo medio extraño (les suena, hermanos Wachowski?? Cobren los derechos de autor hermano!!) que administra sedantes. La jodita es que Dom es un ladrón de novela, pero no uno convencional; él te roba en los sueños (en la peli los llaman “extractores”). Se te mete en el subconsciente mientras dormís la mona y te saca hasta las medias.
En el mundo de los sueños, el dolor es experimentado como real psicológicamente, y para despertarte tenés que hacer lo mismo que si querés ser un rockero famoso: te tenés que morir. Pero parece que a Dom se le fue todo de las manos y no consigue la información que necesitaba en esta misión, misión que resulta ser una prueba de Saito para ver si el extractor estaba a la altura de su reputación (que pillo el ponja eh…)
El acaudalado empresario oriental queda impresionado por las habilidades de Cobb y Arturo, y los contrata para una misión un tanto particular: deben “plantar” una idea en Robert Fisher (esto es lo que llaman inception). Robert es hijo de un gigantesco empresario dueño de una corporación que amenaza con monopolizar la industria, lo que dejaría fuera de juego a Saito (como diría el escribano Yayo en los Juegos de la Corona: automáticamente pierde todos los puntos). Y como Fisher padre está tirado en una cama midiéndose la pijama de madera, el noble ponja quiere que Dom le meta la idea a Robert de terminar con el imperio que está a punto de heredar de su padre (bien chino, eso es jugar limpio eh… Que manera de embarrar la cancha hermano!!)
La idea de la inception es muy arriesgada y hasta se rumorea que imposible, pero Dom insiste que que puede hacerlo. A cambio, Saito promete mover los hilos para indultar al afamado extractor, a quién lo persigue hasta la Interpol por un oscuro pasado que aún no conocemos.
Finalmente, Cobb y Arturo aceptan y arman un equipo de lujo para la difícil empresa:
Yusuf, un capo en la química para desarrollar los sedantes
Eames, un falsificador que puede cambiar de apariencia en los sueños
Y finalmente Ariadne (Ellen Page, la niña que nunca crece, aunque en realidad si crece mientras duerme… Que le pasa a esta mina viejo? Estaba más grande en Hard Candy, o me parece a mí? Tendrá el síndrome de Benjamín Button?), una joven estudiante de arquitectura que se encargará de diseñar los escenarios del mundo de los sueños.
La peli es excelente, pero a no confundirla con la recordada peli argenta “Incesto”, protagonizada por Rodrigo Noya, donde el juvenil actor termina encamándose con su vieja luego de una confusa noche de estupefacientes, whisky y rock and roll…
Aunque al principio me recordó mucho a la genial Matrix, el argumento es completamente original y enroscado. Efectos geniales y un suspenso que te tiene atado a la butaca se combinan con la trama y los grandes actores para romperla.
Le doy 4,25 Guiditos, no te la pierdas
jueves, 23 de septiembre de 2010
The 40 year old virgin
Andy (Steve Carell) tiene cuarenta años. Vive en un lindo departamento, muy ordenado, con las paredes repletas de muñequitos conservados en sus cajas originales, consolas de juegos, sillones especiales para jugar, tremendas pantallas y demás. El paraíso!!!
Se levanta temprano, entrena, y no sin antes saludar a los viejitos que viven arriba, con los que se junta a ver Survivor, se va a laburar.
Trabaja en una tienda tipo Garbarino, como jefe de inventario. Por su manera de ser, es visto por sus compañeros como el bobo del depósito. Una noche, en la que lo invitan a jugar al póker, porque no les queda otra, su terrible secreto (compara una teta con una bolsa de arena, y todos se avivan) sale a la luz: no la pone ni en un vaso, como el lobito: es virgen!!!
Desde ese momento todos se ponen locos, y empiezan a hacer lo imposible para que el pibe le vea la cara a Dios: “a partir de ahora tu pito es mi pito” dice Jay, interpretado por Romany Malco, que la descose, haciendo el papel de bocón y calentón que solo piensa en ponerla.
Los demás compañeros son: Cal, (Seth Rogen, uno de los polis de Superbad) que interpreta a un empleado del depósito, quien fuma porro como Charles Bronson mata violines.
También hay un depresivo que extraña a su novia (David, Paul Rudd), con quien estuvo hace dos años y duró ¡¡¡ cuatro meses!!!! Y un viejo que putea más que Federico Luppi después de agarrarse un huevo con un postigo.
Un día, en el local, aparece Trish (Catherine Keener, ya lo dije, y lo repito: ojo que es mi novia), buscando una videocasetera (como Delia, por el centro platense). El pibe la atiende, le recomienda llevarse un reproductor de Dvd y liga como premio, una tarjeta personal, con teléfono incluído. La señora en cuestión, tiene un negocio justo en frente, lo que facilita el futuro encuentro.
La cosa se va dando: Andy y Trish comienzan a salir. Dado que ella tiene tres hijas y una nieta y gracias a ciertos papelones, el sexo es dejado de lado por 20 citas, de común acuerdo.
El viaje, hasta que llegue el gran momento, es desopilante. Te morís de risa. Carell, en su papel de goma, se gana el premio Superman, al mejor jugador de la cancha, aquel de las transmisiones de Nacional B, comandadas por Varsky y Simón, los sábados a las 19, hace muchos años.
Judd Apatow, director de la peli, al igual que nuestro “mañana campestre” Santaolalla, convierte en oro todo lo que toca. Demasiados chistes buenos, puteadas, locuras y algunas escenas memorables: la depilación, el “¿sabes cómo me doy cuenta que eres gay?”, el musical del final, entre otras.
Imposible no sentirse identificado con lo costoso y duro que resulta dejar atrás nuestro mundito protegido, para hacerse cargo y pasar de pantalla hacia una vida adulta.
Faaaa, peliculón.
Calificación: 4 Chettis.
Se levanta temprano, entrena, y no sin antes saludar a los viejitos que viven arriba, con los que se junta a ver Survivor, se va a laburar.
Trabaja en una tienda tipo Garbarino, como jefe de inventario. Por su manera de ser, es visto por sus compañeros como el bobo del depósito. Una noche, en la que lo invitan a jugar al póker, porque no les queda otra, su terrible secreto (compara una teta con una bolsa de arena, y todos se avivan) sale a la luz: no la pone ni en un vaso, como el lobito: es virgen!!!
Desde ese momento todos se ponen locos, y empiezan a hacer lo imposible para que el pibe le vea la cara a Dios: “a partir de ahora tu pito es mi pito” dice Jay, interpretado por Romany Malco, que la descose, haciendo el papel de bocón y calentón que solo piensa en ponerla.
Los demás compañeros son: Cal, (Seth Rogen, uno de los polis de Superbad) que interpreta a un empleado del depósito, quien fuma porro como Charles Bronson mata violines.
También hay un depresivo que extraña a su novia (David, Paul Rudd), con quien estuvo hace dos años y duró ¡¡¡ cuatro meses!!!! Y un viejo que putea más que Federico Luppi después de agarrarse un huevo con un postigo.
Un día, en el local, aparece Trish (Catherine Keener, ya lo dije, y lo repito: ojo que es mi novia), buscando una videocasetera (como Delia, por el centro platense). El pibe la atiende, le recomienda llevarse un reproductor de Dvd y liga como premio, una tarjeta personal, con teléfono incluído. La señora en cuestión, tiene un negocio justo en frente, lo que facilita el futuro encuentro.
La cosa se va dando: Andy y Trish comienzan a salir. Dado que ella tiene tres hijas y una nieta y gracias a ciertos papelones, el sexo es dejado de lado por 20 citas, de común acuerdo.
El viaje, hasta que llegue el gran momento, es desopilante. Te morís de risa. Carell, en su papel de goma, se gana el premio Superman, al mejor jugador de la cancha, aquel de las transmisiones de Nacional B, comandadas por Varsky y Simón, los sábados a las 19, hace muchos años.
Judd Apatow, director de la peli, al igual que nuestro “mañana campestre” Santaolalla, convierte en oro todo lo que toca. Demasiados chistes buenos, puteadas, locuras y algunas escenas memorables: la depilación, el “¿sabes cómo me doy cuenta que eres gay?”, el musical del final, entre otras.
Imposible no sentirse identificado con lo costoso y duro que resulta dejar atrás nuestro mundito protegido, para hacerse cargo y pasar de pantalla hacia una vida adulta.
Faaaa, peliculón.
Calificación: 4 Chettis.
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